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“LOS SIETE MITOS DE LA CONQUISTA ESPAÑOLA” DE MATTHEW-RESTALL

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Este libro pretende una desmitificación de un fenómeno tan complejo como el de la conquista de la América española. Restall está adscrito a la Nueva Filología (New Philology), una escuela que aúna la Filología y la Etnohistoria a través de los documentos de una sociedad para comprender la perspectiva que tiene de su propia historia, siendo de especial interés para el estudio de los pueblos colonizados. Restall, en un artículo titulado "Filología y etnohistoria. Una breve historia de la “nueva filología” en Norteamérica" (publicado en la revista Desacatos número 7, otoño de 2001, pps- 85-201, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, México) sostiene, refiriéndose a Mesoamérica pero entiendo que extensible al libro que analizo, que la etnohistoria es eficaz por tres razones. La primera por lo que, siguiendo a John Kicza, define como integridad y vigor de las culturas indígenas hasta el presente. La segunda por la riqueza y diversidad de las fuentes. La tercera, por "la concatenación de las actividades de un grupo diverso de investigadores que ha creado una visión colectiva metodológica e interpretativa, y un impulso constructivo que ha permitido la creación y el desarrollo de dicha visión". Respecto del método añade que “la nueva filología contiene (de hecho o en potencia) los mejores aspectos de tres posibilidades historiográficas, de acuerdo con las categorías propuestas por Haber (1999:310-311): las ciencias sociales históricas, la historia tradicional, y la nueva historia cultural".

Entrando a valorar el libro de Restalla, el objetivo de estudio queda delimitado por el autor en estas palabras: "Los siete mitos de la conquista aparecen en la leyenda de Cortés, según la cual el talento militar, la utilización de la tecnología española más avanzada, la manipulación de los crédulos ´´indios´´ y un emperador azteca supersticioso fueron los elementos que le permitieron liderar un ejército de varios centenares de españoles en la osada conquista de un imperio de millones de personas, y sentar así un precedente que servirá de referencia para las restantes conquistas españolas en América" (pág. 19).

Como expondré a continuación, entiendo que Restall se deja llevar por muchos prejuicios contra lo español y eso influye negativamente en la obra que comentaré. No obstante, a pesar de sus errores, supone un importante avance para la comprensión de la conquista.

Estructura de la obra.

En “Introducción. Las palabras perdidas de Bernal Díaz” (pág. 17 y ss.) Restall explica que "Este libro trata de las imágenes dibujadas por hombres como Díaz sobre las conquistas españolas en América, así como de las imágenes elaboradas por historiadores y otros individuos que durante los últimos cinco siglos siguieron a Díaz..." (pág. 20). Eso pretende en siete capítulos (“Un puñado de aventureros. El mito de los hombres excepcionales”, pág. 25 y ss.; “Ni sueldo ni obligación. El mito del ejército del rey”, pág. 59 y ss.; “Guerreros invisibles. El mito del conquistador blanco”, pág 81 y ss.; “Bajo el dominio de Su Majestad el Rey. El mito de la completitud”, pág. 107 y ss.; “Las palabras perdidas de La Manlinche. El mito de la comunicación y el fallo comunicativo”, pág. 123 y ss.; “El exterminio de los indios. El mito de la devastación indígena”, pág. 151 y ss.; “Monos y hombres. El mito de la superioridad”, pág. 189 y ss.; concluye con el “Epílogo: La traición de Cuautémoc”, pág. 207 y ss.


Primer mito: el de los hombres excepcionales.

Una pregunta clave y habitualmente repetida, que Restall considera el núcleo de su libro, es la de cómo pudo un puñado de aventureros acabar con imperios tan poderosos como los precolombinos. Restall mantiene que los conquistadores no eran tan pocos y que los imperios conquistados no eran tan grandes. Pero, ¿cómo puede mantener eso si el imperio mexica tenía unos 20 millones de habitantes en medio millón de km2 y el inca una población ligeramente inferior en 2 millones de km2? Las coronas de los Reyes Católicos en la península ibérica sumaban medio millón de km2 y unos 7 millones de súbditos. Restall no explica adecuadamente su afirmación pero la mantiene relacionándolo con lo que considera otro error de los historiadores: que el descubrimiento y conquista de América fue una gran hazaña llevada a cabo por un grupo reducido de hombres. Esta valoración implica, según Restall, que los historiadores hayan dado a ese escaso número de hombres la consideración de excepcionales. Para desvirtuar su excepcionalidad mantiene que el descubrimiento se debió a la concurrencia de diversas circunstancias especialmente afortunadas, sobre todo económicas, que fueron estímulo y ayuda para los conquistadores. Pone como ejemplo de ello a Colón negando que fuera un gran descubridor incomprendido que, sólo gracias a obstinación y perseverancia, demostró la esfericidad de la tierra. Restall defiende que su éxito se debió a la casualidad y la fortuna y que “Cuando la corona de Castilla comprendió la magnitud de su fracaso y de su engaño, envió un agente al Caribe para detener a Colón y traerlo de vuelta a España encadenado” (pág. 35). La crítica de Restall no explica los misterios colombinos (como el origen de Colón, los oscuros intereses de las cortes europeas, los posibles viajes clandestinos a las Américas previos al suyo, la historia del “piloto desconocido”, etc.) y sus prejuicios quedan de manifiesto en el análisis del mito cuatro cuando dice que la reacción de la corona fue por el incumplimiento de Colón de lo estipulado en las Capitulaciones de Santa Fe y no por su engaño. Y Restall reconoce que la intervención de la corona pudo deberse a la revuelta de los colonos en La Española y a los problemas de desgobierno, circunstancias estas que no implican que Colón dejase de ser un “hombre excepcional” en el sentido en que lo hace el autor.  

Si bien es cierto que la historiografía del siglo XX limitó los excesos respecto de los “hombres excepcionales” entiendo que Restall lleva demasiado lejos sus conclusiones en este sentido. Llevado de una visión materialista, Restall desprecia la pervivencia del ideal caballeresco y guerrero de los conquistadores españoles, de profundas raíces medievales que arrancan de la fidelitas ibérica prerromana, un ideal templado durante los siglos de la “Reconquista”. Sólo así podrían explicarse otras gestas contemporáneas, como la de Castell Nuovo, en la que un tercio viejo (3.500 hombres) pereció voluntariamente antes que rendirse a los turcos que, sitiándoles durante meses en una proporción final de 20 a 1, les ofrecieron una salida honrosa. Restall no explica ese sentimiento ni sus consecuencias y por ello este apartado debe ser valorado prudentemente.

En apoyo de sus tesis, Restall mantiene que las crónicas son exageradas, carentes de método y tendentes a ensalzar al conquistador. No lo comparto plenamente, y valga como ejemplo que los cronistas detallan hechos poco favorables. En este sentido, debe citarse la descripción que Bernal Díaz hace de la tortura de Cuauhtémoc en 1521 (hecho poco honroso) y la desaprobación que le merece su ejecución en 1525 por orden de Cortés. Si los cronistas reflejaban hechos poco favorables, habrá que darles alguna validez a los que son favorables.

Restall afirma que la tácticas de Cortés no son excepcionales (páginas 47 y 48); como tampoco lo son las medidas legalistas que adopta para garantizar la expedición o la presencia de aliados indígenas. Pero ha de recordarse que los conquistadores adoptaron los sistemas legales y métodos de conquista propios de la época, encontrándose en Restall lo que puede ser una valoración negativa de los españoles. Otro ejemplo es cuando quiere considerar providencial que Cortés fue favorecido al hablar Malinche el maya y el náhuatl. Pero es evidente que, de no haber aparecido Malinche, los conquistadores habrían buscado y encontrado muchos otros traductores que cumplieran su función. Lo innegable es que los conquistadores fueron hombres con habilidades que les permitieron aprovechar las circunstancias que se presentaron. Y eso fue precisamente lo que define su excepcionalidad.


Segundo mito: el ejercito del Rey .

Existe la creencia de que la conquista se hizo por ejércitos bajo las órdenes de los reyes de España. Pero España, tal y como la conocemos hoy, no existía. Los estados de la península ibérica eran posesiones patrimoniales de los Habsburgo (y yo añadiría que, en los momentos iniciales de la conquista, de los Tratámara). Explica que España nunca envió ejércitos para la conquista, entre otras cosas porque los conquistadores no sufrieron derrotas importantes y porque la verdadera importancia de los territorios sólo fue conocida después de su conquista. Esta se hizo según un sistema de franquicias ofrecido por la corona por lo que cada conquistador tenía libertad de acción. Las huestes empleadas se vinculaban con su promotor por medio de un contrato, iban armadas y utilizaban tácticas militares (pág. 66 y ss.) pero no pueden ser consideradas un ejército porque ni recibieron instrucción militar, ni tuvieron una jerarquía bien definida, ni cobraron un salario. Por el contrario, eran grupos armados privados (pág. 71 y ss.) que obtendrían beneficio en caso de conquista. Su reclutamiento se hacía a expensas del promotor con la promesa de riquezas, siendo lógico que parte del personal contara con experiencia militar. Parece que el mito del ejército del rey nació en el siglo XVII cuando los tercios españoles habían disfrutado de una larga y merecida fama como la mejor infantería del mundo. Restall incurre en cierta contradicción porque, precisamente la ausencia de un ejército, implica cierta excepcionalidad de los conquistadores, cosa que pretende negar en el punto anterior.


Tercer mito: el conquistador blanco.

 Restall mantiene que los españoles suelen representarse combatiendo contra hordas de innumerables indígenas (entiendo que es una visión errónea de Restalla porque la historiografía española comprende que sin la intervención de aliados indígenas no habría sido posible la conquista). Restall concede que no cabe duda de que los españoles resultaron superados en número por sus enemigos pero señala que también fueron superados en número por sus aliados nativos y por negros libres o esclavos. Una perspectiva interesante de la obra es cuando Restalla ofrece una visión basada en las fuentes indígenas que presenta a los españoles como actores secundarios que participan en una guerra civil indígena de la que sacan beneficio (página 83). Cortés usa la enemistad entre tlaxcalas y mexicas y Pizarro se aprovecha del enfrentamiento entre los hermanos Atahualpa y Huascar. Es evidente que, sin el apoyo de una parte de los indígenas, los conquistadores no habrían logrado sus conquistas.

Un hecho que a menudo se olvida es que en la conquista, además de castellanos, intervinieron indígenas y esclavos africanos. Un ejemplo es el de Juan Valiente que, habiendo sido esclavo, luchó en Chile junto a Valdivia alcanzando honor y propiedades (página 92). Pero Restall no aclara porqué un negro criado en España como español en vez de esclavo ha de ser equiparado a los esclavos negros procedentes de África. Otra vez apunta a una excepcionalidad entre los conquistadores que pretende negar. Lo relativo a la aportación de negros como conquistadores, en vez de como meros esclavos, es un hecho sobre el que Restall no aporta argumentos sino suposiciones, no obstante ser un interesante campo de estudio que puede deparar descubrimientos inesperados.

Restalla considera que los conquistadores no deben ser equiparados a “españoles”. En primer lugar, porque en aquella época España, como estado, no existía, si no que era una idea relacionada con complejo sistema de posesiones patrimoniales (entendamos que Trastámara, primero, y Austrias, después). En segundo lugar porque en la conquista intervinieron europeos y, como se ha dicho, elementos indígenas. El ejemplo más destacado es el de los tlaxaltecas, que se unieron a Cortés de manera decisiva para librarse del yugo al que le sometían los mexicas.


Cuarto mito: el de la completitud.

La idea de "conquista española" se ha usado porque los españoles querían describir sus logros y conquistas como hechos consumados aunque no se dominó completamente todo el territorio, obviándose así que determinados puntos del continente contaron con una influencia española mínima o inexistente. Justifica la existencia de este mito en que los conquistadores necesitaban hacer creer que la conquista era completa para cobrar recompensas pero esta explicación me parece absurda ya que los conquistadores percibían su recompensa al explotar el territorio conquistado. Es cierto que hubo zonas que se sustrayeron al dominio español, pero estas, como reconoce el autor, eran marginales o periféricas. Es lógico pensar que no podían controlarse territorios tan extensos de manera eficaz con recursos escasos. He de añadir que habría de esperarse a la “segunda conquista de América” en la época de los Borbones para que avanzar en la idea de completitud. Además, el dominio no implicaba la ocupación completa del territorio. Piénsese, por ejemplo, que Roma que ejerció influencia cultural y soberanía los vascones aunque no los sometió plenamente. 


Quinto mito: la comunicación.

El primer encuentro entre Cortés y Moctezuma así como el de Pizarro con Atahualpa simbolizan el choque de dos culturas. Restall sostiene que las especulaciones sobre esos primeros diálogos han generado un mito con dos variantes. Inicialmente prevaleció el mito de que la comunicación había sido efectiva de acuerdo con el interés de los conquistadores de demostrar que los nativos habían sido convertidos. Posteriormente, este mito fue cuestionado por autores como Tzvetan Todorov que, basándose entre otros en los escritos de Fray Bartolomé de las Casas, planteaban que no hubo comunicación. Restall entiende que ambas formas del mito son incompletas y que los fallos comunicativos citados en las crónicas no fueron tan favorables a los españoles como se ha pretendido. Todavía hoy, en nuestro mundo globalizado con innumerables medios de comunicación, existen barreras de comunicación de carácter étnico y cultural que producen desencuentros. Es lógico pensar que en aquella época los desencuentros hubiesen sido mayores.


Sexto mito: la devastación indígena.

Restall señala que “El mito de los españoles como dioses ha adoptado diversas formas a lo largo de los siglos, pero todas comparten una visión de los americanos indígenas como sociedades tan supersticiosas, crédulas y primitivas en sus reacciones ante los invasores que no conocen la razón ni la lógica, mientras que los españoles son tan superiores en su tecnología y manipulación que su presión psicológica resulta arrolladora” (pag. 174).  Analizando los escritos de Gómara (en los que no hay referencia a la deificación)  y los de Bernal Díaz, que considera erróneos al traducir mal la palabra teteoh (pag. 164 y ss.) entiende que no se identificó a los españoles con dioses. No obstante, aun cuando no fueran considerados como tales, existió hacia ellos cierta admiración. Para los indios, la existencia de otras razas fue una sorpresa, pero no lo era para los europeos. El mito de la divinidad de los españoles tal vez se diera en los primeros contactos y no porque los indígenas fueran tontos (pág. 175) sino porque el influjo de su religión era para ellos más importante de cuanto podía serlo para aquellos conquistadores. No me parece que la cuestión de la divinidad de los españoles fuera determinante, pero sirve para tratar el último mito sobre el que Restalla parece tener bastantes prejuicios.

Restalla desmiente el mito de la devastación explicando que la cultura indígena perdura durante el siglo XVI aunque le afecto la crisis demográfica. Gran parte de los pueblos indígenas mantuvo su vitalidad étnica y sociocultural a través de una extraordinaria capacidad de adaptación que les permitió adoptar como propias instituciones impuestas por los conquistadores, como el cabildo, que supuso un mecanismo para el  desarrollo municipal indígena. Restall define “una pérdida de 40 millones de personas en un siglo” como “probablemente el mayor desastre demográfico de la historia humana” (pág.185) pero entiende que los conquistadores no tuvieron intención de exterminar a unos indígenas que necesitaban, sino que la mortandad se derivó a las enfermedades importadas.   En este apartado estoy de acuerdo con Restall y considero que aporta un punto de referencia interesante al señalar la capacidad de adaptación de los indígenas.


Séptimo mito: la superioridad de los conquistadores.

Restall sostiene que los cronistas y los historiadores modernos, invadidos por el eurocentrismo, explicaron la conquista con la superioridad de los españoles, siendo este uno de los mitos más sólidos que llegó a negar la humanidad de los indígenas americanos (pág. 190). Este mito lo explica con la idea de la voluntad divina (guiando la conquista como un milagro y a España como un pueblo elegido) en relación con la idea de culpabilidad de los indígenas en su derrota porque sus jefes confundieron a los conquistadores con dioses (pág 193 y ss.). Los indígenas fueran incapaces de hacer frente a la conquista pero explica que, fundamentalmente, hubo tres causas de su derrota: la enfermedad, la  desunión y el uso del acero (poniendo a la espada por delante del arcabuz y el mastín). Restall aporta varias citas de lo que considera visiones equivocadas, pero algunas de ellas parecen más acertadas que la suya. Una de las citas es de J. H. Elliot: “La superioridad debía de ser más que meramente técnica, y quizá obedecía, en última instancia, a la mayor seguridad y aplomo de la civilización que generaron los conquistadores. En el impero inca hallaron una civilización que había iniciado ya el declive, tras una época de esplendor; en el imperio azteca, por otro lado, se enfrentaron a una civilización todavía joven y en pleno proceso de evolución. Así pues, cada uno de estos imperios se vio sorprendido cuando menos capaz era de ofrecer resistencia efectiva; ambos carecían de seguridad en sí mismo y en su capacidad de supervivencia en un universo dirigido por deidades implacables, y vivían constantemente al límite de la destrucción. El conquistador, ávido de fama y riqueza, sumamente seguro de su capacidad de obtenerlas, se plantó ante el umbral de un mundo fatalista resignado a sucumbir; y en el nombre del a cruz lo conquistó” (pág. 193 y 194). Otra de las citas es de Benjamín Keen: "Los españoles eran hombres renacentistas, con una visión del mundo esencialmente laica, mientras que los indios tenían una visión mucho más arcaica, en la que el ritual y la magia desempeñaban una función importante" (pág. 195).

Restall critica a Elliot, y de manera implícita a Keen, diciendo que las palabras del primero contienen "gran parte de la mitología de la conquista: ésta se logra gracias a unos pocos hombres excepcionales, ávidos de riqueza; los imperios indígenas se destruyeron en poco tiempo; y los españoles disfrutan de una doble ´´superioridad´´ por su desarrollo tecnológico y su civilización. Elliot no culpa explícitamente a la religión indígena, pero se sobreentiende la idea cuando alude al ´´mundo fatalista´´, una versión moderna de la ´´superstición´´ que atribuían a los indígenas los españoles de la era colonial.”  Entiendo que Restall no está acertado en la crítica. Parece que su intención es dignificar a toda costa a los indígenas. Así, por ejemplo, no habla de los sacrificios humanos que ofrecían a sus dioses con la intención de aplacar su ira. Tampoco habla del juego de pelota que culminaba con el sacrificio del vencedor. Ni de las guerras que permitían la captura de prisioneros vivos para  el sacrificio. ¿Cómo se puede pensar que una mentalidad que asume esos sacrificios no es fatalista ni supersticiosa? Los conquistadores tenían una mentalidad propia del final de la Edad Media y del comienzo del Renacimiento pero los pueblos precolombinos compartían muchas de las características que el mundo mediterráneo había dejado atrás hacía siglos, o incluso milenios. Las diferencias no implican una superioridad moral de los conquistadores (y en ese sentido nada hay que objetar a Restalla porque los valores son subjetivos) pero suponen la constatación de que estos disponían de medios y conceptos más modernos y eficaces. Por algún motivo que no queda claro, Restall se opone a reconocerlo abiertamente aunque lo hace implícitamente al menos dos ocasiones. Una es cuando dice que la conquista fue parte de un episodio de globalización en el acceso a los recursos, admitiendo que los pueblos del Viejo Mundo tenían cierta superioridad gracias al potencial alimentario. Otra cuando reconoce como inevitable que tras el descubrimiento la forma de vida precolombina estaba destinada a cambiar drásticamente hacia adelante por el empuje de un mundo en una  fase de desarrollo.


Especial referencia al epílogo.

En el epílogo se trata la muerte por de Cuauhtémoc, el último rey de México que asumió el poder en 1520. Cuauhtémoc fue hecho prisionero tras la toma de Tenochtitlán en 1521. Pidió a Cortés que le matara, pero este le mantuvo con vida y permitió su tortura para obtener información sobre el posible escondite de tesoros. Después, Cuauhtémoc  se convirtió al cristianismo y, en 1524, acompañó a Cortés en una expedición a la actual Honduras. Restall apunta que la proporción de indígenas en esta expedición pudo ser de 15 por cada europeo y que, en un momento determinado, surgió la sospecha de una conspiración con la participación de Cuauhtémoc. En la investigación de los hechos existieron malentendidos, problemas de comunicación a pesar de la presencia de traductores e intereses contradictorios de los propios indígenas. Cortés ordenó la muerte de Cuauhtémoc y otros caudillos indígenas con remordimiento. Restall explica con  este incidente "que la traducción exacta entre el español y las lenguas indígenas era menos importante que las intenciones e intereses de la comunicación, objetivo que todos los protagonistas de Itzamkanac lograron transmitir, lo cual supuso la muerte de los dirigentes nahuas, el incómodo alivio del rey maya, y la conciencia atormentada de Cortés" (pág. 217). Señala que "...las actuaciones de los señores nahuas y mayas [que influyeron en el desenlace] demostraron que estaba lejos de ser los indígenas asustados, fatalistas y traumatizados del mito de la devastación" (218). Este epílogo viene a ser un ejemplo de lo complejo que es analizar la conquista. 

Gonzalo Antonio Gil del Águila
agosto de 2013

DISQUISIONES DE PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN SOBRE LA ETIMOLOGÍA DE LA ALPUJARRA EN SU OBRA “LA ALPUJARRA: SESENTA LEGUAS A CABALLO PRECEDIDAS DE SEIS EN

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Advirtiendo que “Discordes andan historiadores y orientalistas acerca del origen y significación de la palabra Alpujarra”, Pedro Antonio hace la siguiente enumeración:

“PRIMERA OPINIÓN.- Según Luis del Mármol, Alpujarra proviene de la voz árabe abuxarra, que él traduce: la rencillosa, la pendenciera”.

“SEGUNDA OPINIÓN.- D. Miguel Lafuente Alcántara dice lo mismo, como si lo copiara reverentemente, permitiéndose tan sólo traducir indomable en lugar de rencillosa, y conservando lo de pendenciera”.

“FUNDAMENTO DE ESTAS DOS OPINIONES.- Todos los cronistas antiguos están contestes, principiando por el historiador musulmán Aben-Ragid, en que los Agarenos no lograron dominar las fragosidades alpujarreñas ni reducir a los cristianos que allí vivían, sino pasados siglos de la batalla de Guadalete y de la ocupación de casi toda la Península por las legiones Africanas y Asiáticas. Y, aún después; si éstas penetraron y reinaron en la Alpujarra, fue por la buena y a condición de tolerar la Religión del Crucificado, cuyo culto siguió, en efecto, siendo libre durante otros dos o tres siglos, hasta que poco a poco, y sin violencia alguna, los más absorbieron a los menos, o los menos se refundieron en los más, al punto de no quedar un solo alpujarreño que se acordase de la fe de sus mayores.- Creen, pues, Mármol y Lafuente Alcántara que los calificativos de rencillosa, pendenciera e indomable le venían como de molde a aquella región en los tiempos en que los moros tuvieron la primera idea de ella”.

“IMPUGNACIÓN DE TODO LO DICHO.- Es, sin embargo, muy de extrañar que el mismo Aben-Ragid, relator de esos hechos, nunca llame a la Alpujarra sino la Tierra del Sirgo (por la mucha seda que en ella se criaba); y sorprende aún más, que, después de haber publicado Mármol la citada versión, otros filólogos e historiadores hayan continuado poniendo en tela de juicio la verdadera significación del nombre que hoy lleva aquel territorio”.

“Romey y Mr. Sacy, por ejemplo (TERCERA OPINIÓN), se fijan en que Suar-el-Kaici y otros revoltosos de la Andalucía oriental levantaron por las Serranías de Granada algunas fortificaciones llamadas Al-Bord-jela, (Castillo de los Aliados), y creen que de este nombre vino a formarse el de Alpujarras”.

“En cambio (CUARTA OPINIÓN), Xerif Aledrix y nuestro insigne Conde aseguran por otro lado que Alpujarra vale tanto como Al-bugscharra, voz árabe que se interpreta Sierra de hierba o de pasto”.

Finalmente, el ilustrado orientalista y literato de nuestros días, Sr. Simonet, dice (QUINTA OPINIÓN) que no le parece buena ninguna de las traducciones que conoce de Albuxarrat (que, según él, era como verdaderamente llamaban los moros a aquella Serranía), y aventura la idea de si podrá traducirse Alba Sierra, aunque añade modestísimamente a renglón seguido que está muy lejos de creer haber acertado más que los otros”.

Prudentemente, Pedro Antonio de Alarcón ofrece al lector la posibilidad de escoger la teoría que más le guste mientras afirma de sí mismo “Yo no escojo ninguna... por la sencilla razón de que no sé el árabe” para continuar diciendo que “En lo que, a pesar mío, no puedo abstenerme de dar un humilde dictamen (o, por mejor decir, he tenido que darlo anticipadamente, al ponerle título a esta obra), es respecto de si debe escribirse La Alpujarra o Las Alpujarras” explicando que ha “optado por el singular” no sin “pasar antes por angustiosas vacilaciones”. Honestamente continúa: “Figuraos que el plural tenía en su abono estos antecedentes: Primero: El empleo que hacen de él varios autores antiguos y modernos siempre que hablan de aquel país; Segundo: El usarlo en la conversación bastantes gentes, bien que fuera de Andalucía; Y tercero, y mucho más importante: La autoridad de la Academia Española, que define así, en su Diccionario de la Lengua Castellana, la voz ALPUJARREÑO, ÑA: «Adj. que se aplica al natural de Las Alpujarras, y a lo perteneciente a ellas». Había, pues, harto motivo para decidirse por el plural, -y ya lo había usado yo mismo en cierta ocasión, obligado por la fuerza del consonante... Sin embargo, hacíaseme cuesta arriba escribir Alpujarras al frente de este libro y en la mayor parte de sus hojas, cuando toda mi vida había dicho y oído decir La Alpujarra; y como me pusiera a excogitar razones para mantenerme dentro de mi dulce rutina (¡qué rutina no es dulce en estos tiempos de tantas dislocaciones y extravíos!), encontré en apoyo del singular los tres fundamentos siguientes: Primero: Que Hurtado de Mendoza, Mármol, Lafuente Alcántara y otros escritores de muchas humanidades y escrupulosa conciencia, en sus Historias relativas a aquella región, la llaman siempre La Alpujarra; Segundo: Que del propio modo la mientan constantemente casi todos los naturales de la provincia de Granada, empezando por los de su culta capital; Y tercero, y principalísimo: Que así la nombran los mismos alpujarreños”. Más adelante nos explica que “Por lo demás, comprenderéis que a mí me importa un bledo que la Alpujarra se llame de este o del otro modo; -pues, como dice muy oportunamente la Julieta de Shakespeare: «Lo que llamamos rosa embalsamaría lo mismo el aire si tuviera cualquier otro nombre.».

Respecto a los límites de la Alpujarra nos dice que “en este punto la verdad y el error son más evidentes a mi juicio, y más fáciles, por tanto, de separar”. Y continúa diciendo que no sabe “quién sería el primero (tal vez Méndez de Silva) que escribió la peregrina especie de que «la Alpujarra, mide diez y siete leguas de longitud desde Motril a Almería, por once de anchura, desde Sierra Nevada al mar»...”
Preciso es hacer un amplio parántesis para hablar de la legua como unidad de medida.
La legua castellana se fijó originalmente en 5.000 varas castellanas, es decir, 4,19 km o unas 2,6 millas romanas, y variaba de modo notable según los distintos reinos españoles y aun según distintas provincias, quedando establecida en el siglo XVI como 20.000 pies castellanos, es decir, entre 5.573 y 5.914 metros. La legua de 20 al grado comenzó a ser utilizada en España en el siglo XVII en sustitución de la legua de 17,5 al grado, es decir de 17,5 leguas por grado de longitud
Siguió utilizándose de forma profusa mucho después de ser oficialmente abolida por Felipe II en 1568, pero Carlos IV por Real Orden de 26 de enero de 1801 estableció:

“Para que la legua corresponda próximamente a lo que en toda España se ha llamado y llama legua, que es el camino que regularmente se anda en una hora, será dicha legua de veinte mil pies; La que se usará en todos los casos que se trate de ella, sean caminos Reales, en los Tribunales y fuera de ellos”.
Retomando la explicación de Pedro Antonio en el punto en que la dejamos, “- Fuera quien fuese, este deslinde tuvo la fortuna de que lo copiasen al pie de la letra muchos graves autores, y hoy sigue dando la vuelta al mundo, en Diccionarios geográficos, Enciclopedias, Guías, y toda clase de itinerarios pintorescos, como una verdad de a folio”. Pero esta valoración es errónea y “La prueba es que los mismos historiadores del siglo XVI, que la transcriben a cierraojos, distinguen luego entre Tierra de Motril, Alpujarra y Tierra, o río de Almería, presentando cada región por separado como cosas muy diferentes. Y, por si esto no bastara, esos mismísimos historiadores, al describir en otros pasajes la comarca alpujarreña, la dividen en las tahas o distritos que contenían, resultando de sus propios datos que no abarcaba, ni con mucho, las vertientes orientales de Sierra de Gádor ni las occidentales de Sierra de Lújar. Por último: ningún motrileño ni almeriense (exceptuando a los nacidos en la banda occidental de Sierra de Gádor: que tienen razón en creerse alpujarreños), se ha considerado jamás a sí propio como hijo de la Alpujarra.”

Nuestro autor nos recuerda que “Ya lo he indicado muchas veces (apoyándome en idénticas consideraciones que ahora): por Alpujarra se entiende todo el terreno comprendido entre Sierra Nevada y el mar, y encerrado luego, como en un rectángulo, por las sierras laterales; es decir: todo lo que queda dentro del horizonte sensible que se abarca desde las cimas del Cerrajon de Murtas; todo lo que sería un solo valle, a no existir la Contraviesa; todo lo que, visto desde el mar de Albuñol, mirando al Mulhacén, tiene, en fin, un cielo común...” porque “El común denominador, la razón de ser de la Alpujarra como comarca, es el cinturón de cumbres y olas que la rodea, el pedazo de cielo que la cobija”. Y nos aclara que en “la frontera occidental de la Alpujarra principia en el Picacho de Veleta; baja con el río de Lanjarón hasta el río de Órgiva; gana luego la Sierra de Lújar, y corre (por donde mismo va la raya del Partido judicial de Motril) hasta caer al mar entre Castel de Ferro y Torre de Paños. Y la frontera occidental empieza hacia Ohánes; busca las crestas de Sierra de Gádor, y va a morir en la Punta de las Sentinas.- Dicho se está, por consiguiente, que quedan reducidas a diez u once las famosas diez y siete leguas del consabido geógrafo”. Mientras que de los límites al Norte y Sur “no hay que ocuparse” porque son evidentes “el Mediterráneo y Sierra Nevada.- Sólo advertiré que, entre Sierra Nevada, y el Mediterráneo, en línea perpendicular, no median nunca las pretendidas once leguas, sino ocho, todo lo más; y esto, sólo hacia el Campo de Dalias; que, por los puntos restantes, apenas llegarán a siete, -midiendo siempre a vuelo de pájaro”.

Granada, 6 de Enero de 2.008

LAS ARTES LIBERALES

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Es común alterar según conveniencias diversas el significado de las palabras cayendo así en un juego de confusiones que inunda la mente con voces y ecos impidiendo oír el canto de los pájaros. Antonio Machado (1) nos dice: “Desdeño las romanzas de los tenores huecos / y el coro de los grillos que cantan a la luna. / A distinguir me paro las voces de los ecos, / y escucho solamente, entre las voces, una". Sigamos su consejo y oigamos “entre las voces, una” haciendo en consecuencia de la hermenéutica la guía de estas breves líneas. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española da como cuarta definición a la entrada “liberal” lo siguiente: “Dicho de un arte o de una profesión: Que ante todo requiere el ejercicio del intelecto”. Y a intelecto lo define como “Entendimiento, potencia cognoscitiva racional del alma humana”. El término arte tal y como se usaba en la Edad Media, momento en que se procedió a la consagración de la expresión Artes Liberales, no tiene el sentido que vulgarmente se le otorga en la actualidad, y por tales Artes se entendía aquel conjunto de disciplinas que sirven para entrenar al hombre libre por oposición a las Artes Mecánicas, Prácticas o Serviles que persiguen capacitar para el desarrollo de los oficios. En otras palabras, las Artes Liberales pretenden capacitar al estudiante no para “ganarse la vida” si no para alcanzar la mezcla de habilidad, maestría y conocimientos que permitían la combinación de Filosofía y Teología en el mundo de la Escolástica.

La formación superior se concretó durante la Edad Media en las Universidades, institución que debe su nombre a la pretensión de universalidad o totalidad antes que a la consecución de una habilidad específica, deduciéndose de ello que la actual nada tiene en común con la medieval. La palabra Universidad parece proceder del latín Universitas, término formado por universus (todo o universal) y unus (uno, lo que no admite división) aunque hay quien quiere encontrar su etimología en la unión de unus y verto (girado o convertido), dándole así el significado de girado o convertido hacia la unidad. El sentido primigenio de Universitas se refería a cualquier asociación destinada a la consecución de una meta común pero en la actualidad define a un sistema educativo. Este nos invita a comprender que la Universitas y las Artes Liberales no requieren un razonamiento meramente lógico logrado a través de la aplicación objetiva de métodos empíricos o racionales si no que debe incluir una referencia metafísica a valores suprasensibles para así lograr la “coniuctio” o íntima unión que viene a ser simbolizada por las Bodas Alquímicas. Que esta posibilidad de entendimiento es algo al alcance de unos pocos lo refleja en nuestra cultura la parábola de la boda (2) cuando nos explica que un hombre, habiendo sido llevado de manera fortuita a una boda, no se encontraba adecuadamente vestido y fue expulsado “porque muchos son llamados y pocos escogidos”.

El concepto medieval de Arte Liberal nació de la Antigüedad Clásica. Varrón, en el siglo I antes de Cristo, fusionó doctrinas pitagóricas y cínicas con el eclecticismo y en su obra “Disciplinae”, de enorme influencia en la Edad Media, apuntó la división de Artes Liberales en un sentido previamente señalado por Quintiliano. En el siglo VI Casiodoro (4) señaló que en la expresión Ars Liberalis el último término no procedía del latín libre sino libro (aunque ambos tengan igual nominativo) declarando así que la libertad no tenía que ver tanto con el estado del hombre como con una formación y estudio que dependen de los libros en contraposición a lo que ocurre con las Artes Serviles, dignificándose igualmente a estas últimas que en el mundo cristiano también eran propias de hombres libres. Alcuino (5), un destacado consejero de Carlomagno, propició la enseñanza de las Artes Liberales y desde entonces se convirtieron en la parte fundamental del currículo universitario. Estas disciplinas se dividen en dos grupos: el Trivium y el Quadrivium. El primero procede de los términos latinos tri, que significa tres o triple, y via, camino. Viniendo a significar tres caminos o confluencia de tres caminos abarca aquellas Artes Liberales que tienen que ver con la Elocuencia y que son Gramática, Retórica y Dialéctica. La expresión latina “Gram. loquitur, Dia. vera docet, Rhet. verba colorat” nos explica el sentido del Trivium: La Gramática habla, la Dialéctica enseña la palabra, la Retórica le da color a las palabras. El otro grupo de disciplinas se conoce como Quadrivium, que significa cuatro caminos o confluencia de cuatro caminos, abarcando las que desde una perspectiva pitagórica gravitan alrededor de las Matemáticas: Aritmética, Geometría, Astronomía y Música. La expresión latina que explica al Quadrivium es “Ar. numerat, Geo ponderat, As. colit astra Mus. Canit” que significa: la Aritmética cuantifica, la Geometría pondera, la Astronomía atiende a las estrellas, la Música canta.

Tengamos presente que Arte, según la primera definición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, es "Virtud, disposición y habilidad para hacer algo" indicándose que procede del término latino ars, artis, el cual equivale al griego τέχνη. Y τέχνη está presente en dos conceptos importantes: Hermenéutica (del griego ἑρμηνευτικός) en cuanto implica declarar, anunciar, esclarecer y, por último, traducir; y Arquitectura, que, a través de la forma latina architectūra, reproduce las expresiones griegas «αρχ» (arch), cuyo significado es “quien tiene el mando”, y “τεκτων” (tekton), que significa “constructor o carpintero”. El sentido profundo del Arte aun hoy es parcialmente reconocido por el Diccionario citado cuando en su definición número 9 le define arte como "Lógica, física y metafísica".

Importante es, finalmente, distinguir las Artes Liberales de las llamadas Bellas Artes ya que ambas definiciones obedecen a objetivos distintos. Las Bellas Artes contemplan la faceta estética de seis disciplinas definidas en el mundo clásico al incluir en su definición la Arquitectura, la Escultura, la Pintura, la Música (que incluye el Teatro), la Declamación (entendamos Literatura y Poesía incluidas) y la Danza, habiéndose sumado en la actualidad como séptima a la Cinematografía. Bellas Artes, en suma, que deben ser contempladas como Artes Serviles antes que Liberales aun cuando en determinados momentos se ha querido a través de ellas alcanzar un conocimiento suprasensible. Terminemos estas líneas recordando que las Artes Liberales no suponen a priori, y en cuanto concepto, un beneficio material ni su posibilidad por cuanto persiguen la consecución de una iluminación interior. Quien la alcanza está, como dice Antonio Machado (1) “ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar."

Gonzalo Antonio Gil del Águila
Granada, 14/02/10

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NOTAS:

(1) “Retrato” de Antonio Machado (26 de julio de 1875 - 22 de febrero de 1939)
(2) Evangelio según San Mateo 22:1-14
(3) Marco Terencio Varrón 116 a 27 a.d.n.e.
(4) Casiodoro (480-575) intentó cristianizar las aportaciones de la cultura clásica
(5) Alcuino de York (735-804) tuvo un papel relevante en el renacimiento carolingio
(6) Las Artes Liberales son: la Gramática, (lingua o lengua), la Dialéctica (tropus o figuras), la Retórica (ratio o razón), la Aritmética (numerus o números), la Geometría (angulus o ángulos), la Astronomía (astra o astros) y la Música (tonus o cantos).

EL TRASLADO DE MEDINA ELVIRA A ILÍBERIS SEGÚN LAS MEMORIAS DE ABD ALLAH

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“Sabedores los Ziríes de que el enemigo reclutada tropas y las concentraba para venir a atacarlos, reunieron a los habitantes de Elvira y les dijeron "nosotros no hemos venido para ser causa de la ruina de vuestra tierra, ni nos hemos instalado en ella por la fuerza. Si vinimos fue por vuestra libre elección. Ahora se encaminan estas bandas a atacarnos. Si estamos seguros de vuestra lealtad os defenderemos, pero si no ha de ser así, avisádnoslo y nos iremos de aquí en los mejores términos, ya que no han de faltarnos bienes que conquistar con nuestras espadas". Los habitantes de Elvira les respondieron: "manteneos en vuestro propósito de combatir al enemigo, defendiéndoos y defendiéndonos porque nosotros somos vuestros súbditos obedientes y nos fiamos de vuestras cortantes espadas". Entonces Zawi Ibn Ziri les añadió: "Si tal es vuestra opinión, lo mejor que podemos hacer es abandonar esta ciudad y elegir para instalarnos, cerca de ella, un lugar mejor fortificado en el que podamos refugiarnos con nuestras familias y nuestros bienes porque la guerra tiene muchas alternativas y se puede vencer o ser vencido y ser tenido, en este caso, por incapaz. El mismo Profeta -¡Dios lo salve!-, cuando los politeístas reclutaron tropas para atacar a Medina, ordenó cavar un foso en torno a la ciudad y prescribió la resistencia enérgica. Y si procedió así, estando asistido por la revelación, ¿qué no debemos hacer nosotros? Dijeron más los Sinhaya a los habitantes de Elvira "estamos dispuestos a no imponeros estos tribunos que soléis pagarnos tan puntualmente, con tal que gastéis ese dinero en lo que os concierne, es decir, fortificando vuestra ciudad y reclutando entre vosotros milicias de infantes, sostenidas a vuestra costa, y que os servirán como auxiliares en materia de vigilancia, espionaje y otras análogas. Reclutad, pues, a cuantos sepáis que pueden hacer servicio armado o bien construid una muralla pues, si no lo hacéis, siempre habrá una brecha por la cual pueda entraros la desgracia". Los habitantes de Elvira oyeron con agrado estas palabras que aumentaron a sus ojos el prestigio de los Ziríes y, por unánime decisión, se resolvieron a escoger para su nueva instalación una altura que dominase el territorio y una posición estratégica de cierta elevación en la que construir sus casas y a la que trasladarse todos, hasta el último; posición de la que harían su capital y en cuyo interés demolerían la mencionada ciudad de Elvira. Y contemplaron una hermosa llanura llena de arroyos y de arboledas que, como todo el terreno circundante, está regada por el río Genil, que baja de Sierra Nevada (Yabal Sulayr). Contemplaron así mismo el monte en el que hoy se asienta la ciudad de Granada y comprendieron que era el centro de toda la comarca ya que tenía delante la Vega, a ambos lados los términos de Al-Zawiya y detrás el distrito del Monte. El lugar les encantó porque vieron que reunía todas las ventajas y se dieron cuenta que estaba en el punto central de una región muy rica y en medio de sus focos de población y de que, si un enemigo venía a atacarlo no podría ponerle sitio ni impedir en modo alguno que sus habitantes se aprovisionasen dentro y fuera de todos los víveres necesarios. En consecuencia, y en tanto Elvira quedaba arruinada, comenzaron a edificar en aquel sitio, y cada uno de los hombres del grupo, lo mismo andaluz que bereber, procedió a levantar allí su casa”.

LA DIATRIBA DEL ALFAQUÍ ABU-ISAQ Y EL POGROM DE GRANADA DE LA NOCHE DEL 31 DE DICIEMBRE DE 1066

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El judío Samuel Ben Nagrela, asesinado en 1056, fue un importante y hábil consejero y diplomático de religión judía que supo servir eficazmente a los reyes ziríes Habus Ibn Maksan (que reinó entre 1019 y 1035) y Badis Ibn Habus (que lo hizo entre 1035 y 1075). Samuel Ben Nagrela fue igualmente un filósofo y literato que escribió poesía, una introducción al Talmud y varios libros y tratados de gramática. La estima en que se le tuvo queda reflejada en las palabras que un poeta le dedicó:

"Reuniste en tu persona todas las buenas cualidades que los otros sólo en parte poseen, tú que has devuelto la libertad a la generosidad cautiva, tú que eres tan superior a los hombres de Oriente y de Occidente, lo mismo que el oro es superior al cobre. Si los hombres pudieran distinguir lo verdadero de lo falso no pondrían su boca sino en tus dedos. En vez de tratar de agradar a Dios besando en la Meca la piedra negra, besarían tus manos porque ellas son las que disponen la felicidad".

Claudio Sánchez Albornoz explica el valor de Samuel Ben Nagrela diciendo que

"De su padre, Habus, heredó Badis, además del reino, al visir, judío e intelectual Samuel Ben Nagrela: barbarie y refinamiento frente a frente en Granada. "No podía ser mayor el contraste que separaba a la ignorancia, la bravura, la crueldad y el ciego ímpetu del soberano, y el talento político, la reflexión, la cultura refinada y la suavidad de su ministro. Como sus caracteres se complementaban, se entendieron a maravilla. Sin la astucia del hebreo, la barbarie del bereber habría fracasado. Eran dos personalidades extraordinarias. Y el elogio de Samuel por el más grande de los historiadores hispanomusulmanes, Ibn Hayyan, su contemporáneo, además, nos descubre todas las facetas: inteligencia, saber, refinamiento, doblez y astucia del judío genial".

A la muerte de Samuel Ben Nagrela su hijo Yusuf Ben Nagrela le sucede como consejero del rey Badis. Pero el hijo no consiguió el reconocimiento de su padre y tuvo en su contra a la nobleza. La situación se fue deteriorando hasta acabar en un pogrom y la muerte de Yusuf Ben Nagrela junto a otros 5000 judíos. El pogrom fue incitado por Ibrahím ben Mosud, llamado Abu Ishaq al-Ilbiri (al-Ilbiri o el de Elvira), jurista y poeta musulmán que había escrito un poema anti judíosemítico, así como por el rumor que circulaba por la ciudad de José Ibn Nagrela estaba detrás de la supuesta muerte del rey Badis. Además de intereses políticos y sociales latía de fondo el odio hacia la comunidad judía, de la cual había tomado nombre la ciudad ya que "ger-anat" en hebreo significa ''campo de refugiados". La noche del 31 de diciembre de 1066 tuvo lugar la matanza y Granada dejó de hacer justicia a su nombre. La Diatriba del alfaquí Abu-Isaq contra los judíos decía:

"Lleva, mensajero, a todos los sinhaya, lunas llenas y leones de nuestro tiempo, estas palabras de un hombre que los estima y que creería faltar a sus deberes religiosos si no les diera saludables consejos.
Vuestro señor ha cometido un yerro, del que los malévolos se regocijan: pudiendo elegir su secretario entre los creyentes, lo ha tomado entre los infieles. Gracias a este secretario, los judíos, desde el fondo de su vilipendio se han convertido en grandes señores, hasta el extremo de que ya en orgullo y arrogancia rebasan todo limite.

De la noche a la mañana y sin sospecharlo siquiera, han conseguido cuanto pudieran apetecer; han llegado al ápice de los honores, de manera que el mono más vil de esos infieles cuenta hoy entre sus dores una muchedumbre de piadosos y devotos musulmanes. Y todo eso no lo deben a su propio esfuerzo, no; ¡el que los ha encumbrado tan alto es un hombre de nuestra religión!

¡Ah! ¿Por qué ese hombre no sigue a su respecto el ejemplo que dieron los príncipes buenos y devotos de antaño?¿Por qué no los vuelve a su puesto? ¿Por qué no los convierte en los más viles de mortales?

Entonces, yendo en tropel, llevarían en medio de nosotros una vida errante, a merced de nuestro desdén y nuestro desprecio; entonces no tratarían a nuestros nobles con altivez, ni a nuestros santos con arrogancia; entonces, no se sentarían a nuestro lado esos hombres de raza impura, ni cabalgarían al lado de nuestros grandes señores de la corte! ¡Oh Badis! Tú eres un hombre de gran sagacidad y tus conjeturas equivalen a la certeza.

¿Cómo es posible que no te percates del mal que hacen esos diablos cuyos cuernos se manifiestan por doquier en tus dominios? ¿Cómo puedes profesar afecto a esos bastardos que te han hecho odioso ante el género humano? ¿Con qué derecho esperas afianzar tu poder, cuando esas gentes destruyen lo que tú edificas? ¿Cómo puedes otorgar una confianza tan ciega a un malvado, y hacer de él tu íntimo amigo?
¿Has olvidado que el Omnipotente dice en el Libro que no hay que trabar amistad con los malvados? No tomes, pues, a tales hombres como ministros; abandónalos a las maldiciones, pues toda la tierra clama contra ellos; ¡pronto temblará y entonces todos pereceremos! Dirige tus miradas hacia otros países y verás que en todas partes se trata a los judíos como perros y se les da de lado. ¿Por qué has de ser tú el único en obrar de otra manera, tú que eres un príncipe amado de tus pueblos, tú que procedes de ilustre estirpe de reyes, tú que aventajas a tus contemporáneos, como tus antepasados aventajaron a los suyos?

Llegado a Granada vi que allí señoreaban los judíos. Se habían repartido la capital y provincias; en todas partes mandaba uno de esos malditos. Ellos recaudaban las contribuciones, comían opíparamente, vestían con todo lujo, en tanto que vuestra indumentaria estaba vieja y deteriorada. Todos los secretos del Estado les eran conocidos: ¡qué imprudencia confiarlos a traidores! Los creyentes malcomían a razón de un dirbam por cabeza; ellos, en cambio, banqueteaban suntuosamente en palacio.
Os han suplantado en el favor de vuestro soberano, ¡oh musulmanes! ¿Y vosotros no los recusáis, les dejáis hacer? Sus oraciones resuenan igual que las vuestras: ¿no lo oís, no lo veis? Sacrifican bueyes y carneros en vuestros mercados y ¡vosotros coméis la carne que para ellos mismos es inmunda! El jefe de esos monos ha enriquecido su morada con incrustaciones de mármol; ha hecho correr fuentes donde corre el agua más cristalina y en tanto que nos hace esperar a su puerta, se mofa de nosotros y de nuestra religión.

¡Oh, Dios, qué desventura! Si dijera que es tan rico como tú, ¡oh rey!, diría la verdad. ¡Ah! Apresúrate a degollarlo y a ofrecerlo en holocausto; sacrifícale; es un carnero cebón. No perdones a sus parientes y allegados. También ellos han reunido inmensos tesoros. Toma su dinero. Tú tienes más derecho que ellos.
No creas que sea una perfidia matarlos, no; la verdadera perfidia sería dejarles reinar. Han quebrantado el pacto que habían estipulado con nosotros; ¿quién se atrevería, pues, a recriminarte por castigar a perjuros? ¿Cómo podríamos nosotros aspirar a distinguimos, viviendo en la oscuridad, cuando los judíos nos deslumbran con el brillo de sus grandezas? Comparados con ellos somos objeto de vilipendio, y diríase en verdad que nosotros somos unos malvados y que esos hombres son gente honorable.

No consientas por más tiempo que nos traten como hasta ahora vienen haciendo, pues tú nos responderás de su conducta.

Recuerda que tú también un día tendrás que dar cuenta al Eterno sobre la manera como hayas tratado al pueblo que El eligió y que ha de gozar de la eterna bienaventuranza".

Gonzalo Antonio Gil del Águila
Granada, 25/12/10

LA DOBLA BALADÍ

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Una de las palabras que en lengua castellana se encuentran en franco retroceso en la actualidad es baladí. Esta expresión, aportada por el árabe hispánico que a su vez lo toma del clásico, significa en su lengua originaria “del país” o “indígena”, y es uno de los escasos adjetivos que desde la lengua árabe han pasado a la castellana. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua tiene dos significados en castellano. El primero es “de poca importancia” y el segundo “propio de la tierra o del país”.

El significado de baladī en lengua árabe se comprende si recordamos que bajo la denominación de “raks báladi”, literalmente “danza del pueblo”, se alude en el folclore árabe a la danza prácticamente ausente de desplazamientos y con casi exclusividad de movimientos de cadera. Pero entre nosotros predomina no el sentido originario si no el de “poca importancia”. ¿A qué se debe ello? A una moneda usada en el Reino Nazarí de Granada, la dobla.

¿Qué era la dobla? Una moneda empleada en la península ibérica y en el norte de África entre la Edad Media y parte de la Moderna. En España se conoce por dobla una moneda castellana de oro y se emplea un adjetivo para denominar las de reinos musulmanes. Por eso se habla de dobla y dobla de la banda (acuñadas en Castilla), dobla almohade, dobla baladí, dobla de cinco rayas, dobla granadina, dobla morisca, dobla morisca vella y dobla zaena.

La dobla baladí del Reino Nazarí de Granada equivalía a la dobla de la banda castellana pero resultaba inferior al de las doblas del norte de África, razón por lo que baladí terminó acuñando entre nosotros el significado de poco valor.

Gonzalo Antonio Gil del Águila

Granada, 27 de Abril de 2008

TRADUCCIÓN DE LAS INSCRIPCIONES ÁRABES EN LA ALHAMBRA Y EL GENERALIFE

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Existen unas 10.000 inscripciones en árabe repartidas por el complejo de La Alhambra y El Generalife. Se trata tanto palabras y frases sueltas como de versos. En 2002 comenzó un trabajo, en el que colaboran El Patronato de La Alhambra y El Generalife y la Escuela de Estudios Árabes dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que tiene por objetivo el estudio de las inscripciones caligráficas del complejo y la creación de un corpus epigráfico. Se prevé que el trabajo esté concluido 2011 y pueda ser accesible en Internet con todo cuanto ello significa de divulgación entre investigadores y público en general. Al frente del trabajo está, como director científico, Juan Castilla Brazales, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Las inscripciones se encuentran en una antigua caligrafía que llamamos cúfica y en otra cursiva lo que implica la dificultad de su lectura incluso para hablantes árabes nativos. Hay quien considera que el mayor valor de estas inscripciones no es lo que dicen si no su riqueza plástica.

Tras la Toma de Granada se hicieron diversas traducciones que no se han conservado. En 1564 el morisco granadino Alonso del Castillo (muerto en 1610) recibió el encargo del Concejo de Granada de recopilar y traducir las inscripciones árabes del complejo. Gracias a su labor han llegado hasta nosotros textos cuya inscripción se ha perdido. Alonso del Castillo era un criptojudío médico y trujamán (traductor del árabe al castellano) que sin duda participó en la falsificación de los Libros Plúmbeos del Sacromonte. En 1859 se publicó el libro Inscripciones árabes de Granada del catedrático de arte de la Universidad de Granada Emilio Lafuente Alcántara (1830-1868), obra que todavía hoy es referencia imprescindible.

La frase más repetida en el complejo es el lema de la dinastía nazarí, “sólo Alá es vencedor”, atribuida a su fundador Alhamar. Esta frase inunda el Palacio de Comares. Se considera que los tres poetas de la Corte de Granada que compusieron versos inscritos y que han llegado a nosotros fueron Ibn al-Yayyab (1274-1349), Ibn al-Jatib (1313-1375) e Ibn Zamrak (1333-1393), que destaca entre todos ellos. Los tres desempeñaron cargos de gobierno en su época. En el complejo hay también versos coránicos y una profusión de palabras y frases sueltas, como “bendición” y ”felicidad ”, cuya inscripción se supone una manera de pedir esas gracias o consagrar un lugar o sultán; o como el consejo “sé parco en palabras y saldrás en paz”, sin duda muy útil entre diplomáticos y políticos; o como otras frases: “la eternidad es atributo de Dios”, “alégrate en el bien, pues ciertamente es Dios quien ayuda” o “sólo a Dios pertenecen la grandeza, la gloria, la eternidad, el imperio y el poder”. Hay poesías de extensión variable que tienen desde versos aislados hasta largas composiciones que ocupan paredes y techos.

En 2001 Eduardo Paniagua y El Arabí Serghini grabaron un disco de “música andalusí” llamado Poemas de la Alhambra con versos de La Alhambra atribuidos de Ibn Zamrak. Sin duda, la publicación en 2011 del trabajo dirigido por Juan Castilla Brazales servirá para que se difunda una imagen poética e idealizada de aquellos tiempos.

Gonzalo Antonio Gil del Águila
Granada, 30/12/10

A continuación se reproduce la traducción al castellano de varios poemas epigráficos de La Alhambra en la versión ofrecida en la web de la Asociación Pedagógica y Cultural Alhambra junto con las notas incluidas en esa publicación.

Comienzo de la cita >>

Poema de la taca derecha en el pórtico norte del Generalife

Estas tacas eran nichos, alacenas u hornacinas practicados en el muro, situados por parejas a ambos lados de los arcos o puertas de entrada a las habitaciones para contener vasijas con agua en su interior.
El poema, escrito en su alfiz dice:

«Taca en la puerta del salón más feliz
para servir a Su Alteza en el mirador.
¡Por Dios, qué bella es alzada
a la diestra del rey incomparable!
Cuando en ella aparecen los vasos de agua,
son como doncellas subidas a lo alto.
Regocíjate con Ismail, por quien
Dios te ha honrado y hecho feliz.
¡Subsista por él el Islam con fortaleza
tan poderosa, que sea la defensa del trono!»


Tercer poema en la torre de la Cautiva

«Esta obra ha venido a engalanar la Alhambra;
es morada para los pacíficos y para los guerreros;
Calahorra que contiene un palacio.
¡Di que es una fortaleza y a la vez una mansión para la alegría!
Es un palacio en el cual el esplendor está repartido
entre su techo, su suelo y sus cuatro paredes;
en el estuco y en los azulejos hay maravillas,
pero las labradas maderas de su techo aún son más extraordinarias;
fueron reunidas y su unión dio lugar a la más perfecta
construcción donde ya había la más elevada mansión;
parecen imágenes poéticas, paranomasias y trasposiciones,
los enramados e incrustaciones.
Aparece ante nosotros el rostro de Yusúf como una señal
es donde se han reunido todas las perfecciones.
Es de la gloriosa tribu de Jazray cuyas obras en pro de la religión
son como las aurora cuya luz aparece en el horizonte.»


Poema de la puerta de Comares

«Soy corona en la frente de mi puerta:
envidia al Occidente en mí el Oriente.
Al-Gani billah* mándame que aprisa
paso dé a la victoria apenas llame.
Siempre estoy esperando ver el rostro
del rey, alba que muestra el horizonte.
¡A sus obras Dios haga tan hermosas
como son su temple y su figura»

(*) Al-Gani billah: El vencedor por Dios: Sobrenombre tomado por Mohamed V tras la victoria de Algeciras en 1369.


Poema de la taza de los leones

«Bendito sea Aquél que otorgó al imán Mohamed
las bellas ideas para engalanar sus mansiones.
Pues, ¿acaso no hay en este jardín maravillas
que Dios ha hecho incomparables en su hermosura,
y una escultura de perlas de transparente claridad,
cuyos bordes se decoran con orla de aljófar?
Plata fundida corre entre las perlas,
a las que semeja belleza alba y pura.
En apariencia, agua y mármol parecen confundirse,
sin que sepamos cuál de ambos se desliza.
¿No ves cómo el agua se derrama en la taza,
pero sus caños la esconden enseguida?
Es un amante cuyos párpados rebosan de lágrimas,
lágrimas que esconde por miedo a un delator.
¿No es, en realidad, cual blanca nube
que vierte en los leones sus acequias
y parece la mano del califa, que, de mañana,
prodiga a los leones de la guerra sus favores?
Quien contempla los leones en actitud amenazante,
(sabe que) sólo el respeto (al Emir) contiene su enojo.
¡Oh descendiente de los Ansares, y no por línea indirecta,
herencia de nobleza, que a los fatuos desestima:
Que la paz de Dios sea contigo y pervivas incólume
renovando tus festines y afligiendo a tus enemigos!»


Poema de la fuente del jardín de Daraxa

«Yo soy un orbe de agua que se muestra a las criaturas diáfano y transparente
una gran Océano cuyas riberas son labores selectas de mármol escogido
y cuyas aguas, en forma de perlas, corren sobre un inmenso hielo primorosamente labrado.
Me llega a inundar el agua, pero yo, de tiempo en tiempo,
voy desprendiéndome del transparente velo con que me cubre.
Entonces yo y aquella parte del agua que se desprende desde los bordes de la fuente,
aparecemos como un trozo de hielo, del cual parte se liquida y parte no se liquida.
Pero, cuando mana con mucha abundancia, somos sólo comparables a un cielo tachonado de estrellas.
Yo también soy una concha y la reunión de las perlas son las gotas,
semejantes a las joyas de la diestra mano que un artífice colocó
en la corona de Ibn Nasr del que, con solicitud, prodigó para mí los tesoros de su erario.
Viva con doble felicidad que hasta el día el solicito varón de la estirpe de Galib,
de los hijos de la prosperidad, de los venturosos,
estrellas resplandecientes de la bondad, mansión deliciosa de la nobleza.
De los hijos de la cabila de los Jazray, de aquellos que proclamaron la verdad y ampararon al Profeta.
El ha sido nuevo Sa'd que, con sus amonestaciones, ha disipado y convertido en luz todas las tinieblas
y constituyendo a las comarcas en una paz estable ha hecho prosperar a sus vasallos.
Puso la elevación del trono en garantía de seguridad a la religión y a los creyentes.
Y a mí me ha concedido el más alto grado de belleza, causando mi forma admiración a los sabios.
Pues nunca se ha visto cosa mayor que yo, en Oriente ni en Occidente
ni en ningún tiempo alcanzó cosa semejante a mí,
rey alguno, en el extranjero ni en la Arabia.»

Poema del arco de entrada al mirador de Daraxa

Cada una de las artes me he enriquecido con su especial belleza y dotado de su esplendor y perfecciones.
Aquel que me ve juzgue por mi hermosura de la esposa que se dirige a este vaso y le pide sus favores.
Cuando el que me mira contempla atentamente mi hermosura se engaña la mirada de sus ojos con una apariencia.
Pues al mirar a mi espléndido fondo cree que la luna llena tiene aquí fija su morada habiendo abandonado sus mansiones por las mías.
No estoy sola, pues desde aquí contemplo un jardín admirable.
No vieron los ojos cosa semejante a él.
Este es el palacio de cristal;
sin embargo, ha habido quien al verlo le ha juzgado un océano proceloso y conmovido.
Todo esto lo construyó el Imán Ibn Nasr*;
sea Dios guardián para los demás reyes de su grandeza.
Sus ascendientes en la antigüedad alcanzaron mayor elevación
pues ellos hospedaron al Profeta y sus deudos.

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*Aclaración: el Imán Ibn Nasr es Mohamed V.


Poema de la sala de Dos Hermanas

«Jardín yo soy que la belleza adorna:
sabrá mi ser si mi hermosura miras.
Por Mohamed, mi rey, a par me pongo
de lo más noble que será y ha sido.
Obra sublime, la fortuna quiere que a todo momento sobrepase.
¡Cuánto recreo aquí para los ojos!
Sus anhelos el noble aquí renueva.
Las Pléyades les sirven de amuleto;
la brisa la defiende con su magia.
Sin par luce una cúpula brillante,
de hermosuras patente y escondidas.
Rendido de Géminis la mano;
viene con ella a conversar la Luna.
Incrustarse los astros allí quieren,
sin más girar en la celeste rueda,
y en ambos patios aguardar sumisos,
y servirle a porfia como esclavas:
No es maravilla que los astros yerren
y el señalado límite traspasen,
para servir a mi señor dispuestas,
que quien sirve al glorioso gloria alcanza.
El pórtico es tan bello, que el palacio
con la celeste bóveda compite.
Con tan bello tisú lo aderezaste,
que olvido pones del telar del Yemen.
¡Cuántos arcos se elevan en su cima,
sobre las columnas por la luz ornadas,
como esferas celestes que voltean
sobre el pilar luciente de la aurora!
Las columnas en todo son tan bellas,
que en lenguas, corredora, anda su fama:
lanza el mármol su clara luz, que invade
la negra esquina que tiznó la sombra;
irisan sus reflejos, y dirías
son, a pesar de su tamaño, perlas.
Jamás vimos jardín más floreciente,
de cosecha más dulce y más aroma.
Por permiso del juez de la hermosura
paga, doble, el impuesto en alcázar más excelso,
de contornos más claros y espaciosos.
Jamás dos monedas,
pues si, al alba, del céfiro en las manos
deja dracmas de luz, que bastarían,
tira luego en lo espeso, entre los troncos,
dobles de oro de sol, que lo engalanan.
(Le enlaza el parentesco a la victoria:
Sólo el Rey este linaje cede.)»

>> Fin de la cita

URL en la que figuran estos poemas citados: http://www.alhambra.org/esp/index.asp?secc=/alhambra/alhambra_poemas

MI ABUELO

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Estas líneas prácticamente reproducen las que mi tía Eva dirigió en julio de 2010 a quienes estaban preparando una recopilación histórica sobre los represaliados de Trebujena como consecuencia de la Guerra Civil de 1936. Quiero con ello rendir un pequeño homenaje a personas como mi abuelo, Antonio del Águila Marín.

Mi abuelo nació en Trebujena (Cádiz) el 6 de abril de 1914. El Alzamiento de 1936 le sorprendió prestando el servicio militar en el Regimiento Lepanto nº 2 en Granada. Pocos días antes unas octavillas con propaganda anarquista habían aparecido en el acuartelamiento y, como se sabía que era cenetista, se le consideró responsable y el 26 de julio fue arrestado. De los más de 70 que estuvieron arrestados se fusiló a unos 60 en los días siguientes. Antes de que pasara un mes fue internado en los calabozos del acuartelamiento donde estaría 45 días hasta que se le envío desarmado al frente en la zona de Pinos Puente (Granada) junto a otros militares sospechosos de ser desafectos a la sublevación. En este lugar consiguió entablar relación con vecinos del pueblo y estos le indicaron cómo podría atravesar las líneas.

Una vez que tuvo la certeza de cómo pasar a la zona republicana se lo comentó a sus compañeros pero de unos 50 sólo 5 decidieron acompañarle. Así, el 4 de diciembre de 1936 -día de Santa Bárbara, patrona de Artillería- se apoderan de seis mosquetones, 150 cartuchos cada uno, un fusil ametrallador "de petaca" y dos docenas de bombas de mano. El 7 de diciembre, después de haber vagado por los campos, toparon con elementos de la caballería republicana en la zona de Martos. Recuerdo, siendo yo muy niño, un encuentro al que asistí entre mi abuelo y un compañero de aquella aventura llamado Mariano. A pesar de los años viene a mi memoria el afecto y emoción con que se hablaron. Y que en una conversación con mi abuelo varios años más tarde me rememoró la preocupación que tuvieron al ver los jinetes y pensar que podía tratarse de la caballería mora al servicio de Franco.

Durante la guerra mi abuelo fue ascendido a cabo y, en 1938, a sargento aunque ejerció de teniente. Cuando la República se desmoronó él estaba en la zona de Toledo. Intentando alcanzar Valencia para huir por mar fue apresado en Moriscote (Albacete) donde le dieron una brutal paliza de la que sobrevivió sólo gracias a su juventud y fortaleza física. Un capitán médico al que golpearon y encerraron junto a él murió consecuencia de los golpes. Fue trasladado a Albacete donde permaneció 14 días en una enfermería y posteriormente conducido a Granada donde se le juzgó por deserción y condenó a muerte. La pena de muerte se conmutó por la de treinta años y un día de prisión.

Trasladado al penal de Astorga (León) estuvo ocho meses durante los que perdió 26 kg debido al hambre, las malas condiciones de internamiento, las humillaciones y el maltrato. De Astorga le llevaron al penal del Puerto de Santa María (Cádiz) empleando 24 días en el desplazamiento. Gracias a la mayor cercanía a Trebujena pueden visitarle sus padres. Pero cuando le ven no son capaces de reconocerle debido al mal estado en que se encuentra. Afortunadamente, en este penal el trato no es tan cruel y se le destina al almacén donde comienza a redimir pena con el trabajo. Fue puesto en libertad condicional en diciembre de 1942 y fijó su residencia en Trebujena donde poco después se casó con Paca, mi abuela. De esta unión nacieron sus hijas, África (mi madre) y Eva (mi tía).

En un principio mi abuelo debía presentarse todas las noches en el cuartel de la Guardia Civil donde estaba expuesto a los castigos y humillaciones que quisieran causarle. Me comentó que los malos tratos dependían del estado de ánimo de los guardias civiles o de las denuncias que hubieran podido hacerse por cualquier cosa con la que él nada tuviese que ver. Aunque esta situación fue suavizándose con el tiempo al dejar de obligársele a acudir todas las noches al cuartel, él seguía teniendo que pedir salvoconducto cada vez que necesitaba salir del pueblo, continuaba expuesto a las extralimitaciones de los miembros de la Guardia Civil y vivía bajo un régimen que le trataba como ciudadano sin derechos. Además tenía que convivir con aquellos que se pavoneaban de haber matado a su hermano José y a varios de sus amigos y de haber cometido innumerables crímenes y fechorías. Y también sufría por saber que a su hermano Rafael, con dieciocho años, le fusilaron cuando intentaba pasar al bando republicano al igual que él había hecho. En esa España de posguerra, miseria y represión se le hacía imposible vivir a un hombre como él, joven, vital y amante de la libertad. Así que decidió escapar de la cárcel que era España.

Un amigo le proporcionó documentación falsa y gracias a ella se marchó en enero de 1953 a Tánger (Marruecos). Esta era una ciudad que aun mantenía el estatuto de zona internacional y en la que las autoridades franquistas no podían ejercer su poder de la misma forma que en territorio nacional. Una vez en ella, a pesar de los múltiples obstáculos, pudo empezar una vida dura y difícil pero en libertad. Después de haber tenido muchos trabajos y superar penalidades abrió una zapatería en la Mensalah (o “barrio moruno” como decían los españoles) y trabajó en la rotativa del Diario España. A la familia le consta que siempre fue apreciado por todos y que nunca decayeron sus inquietudes políticas y sindicales.

El precario equilibrio material que había alcanzado la familia se perdió cuando Tánger fue integrado en el reino de Marruecos y los extranjeros comenzaron a ser expulsados. No podía volver a España, donde temía ser detenido y encarcelado, y no podía emigrar porque el Gobierno español no le habría concedido pasaporte. Pero, dispuesto a salir adelante y tras malvender las escasas posesiones que tenía la familia, en julio de 1962 se hizo con un pasaje como turista en un barco con destino a Marsella (Francia).

Una vez llegó a Francia se trasladó a Troyes, una ciudad del noreste donde trabajaban en la construcción Dalmacio y Custodio, sus dos hermanos menores, y encontró trabajo como peón de albañil. Mientras tanto, su mujer y sus hijas habían vuelto a Trebujena donde contaron con el apoyo de la familia en espera de que las cosas se arreglaran. Al cabo de 6 meses pudieron ir a Francia y comenzar una nueva vida de desarraigados. Pasó el tiempo y murieron su madre y su padre, y crecieron sus hermanos y sobrinos, y se hicieron mayores sus amigos. A ninguno de ellos había podido verles desde la huida a Tánger hasta que, en agosto de 1967 y tras un indulto concedido por el Gobierno de Franco, visitó Trebujena. Le esperaban familia y amigos, para quienes era un héroe. Su padre había muerto sólo un mes y medio antes. De entre aquellos amigos se ha oído años después en mi casa los nombres de “Manolo Martin” y “don Antonio”, de apellidos Mesa Jarén. Vuelto a Francia siguió tirando para adelante esperando que Franco muriese antes que él. Mi madre, África, se casó con mi padre José, un granadino emigrado a Francia en busca de mejor fortuna hijo de una familia de derechas. Yo, su primer nieto, nací en 1969. Y en 1971 mis padres se trasladaron a Granada, la misma localidad en que la guerra sorprendió a mi abuelo. En 1976 sufrió un infarto que lo tuvo ingresado casi tres meses en una UVI de Paris. Recuerdo que ese verano fuimos allí mis padres, mi hermano José David, nacido en 1972 en Granada, y yo. ¡Qué moderna, ordenada y respetuosa me pareció esa ciudad de provincias frente a nuestra rancia España de aquella época!

Una vez repuesto decidió que la vida que le quedase deseaba vivirla en España. Y en mayo de 1977 mis abuelos y mi tía Eva se mudaron a Granada. ¡Otra vez Granada! Recuerdo a mi abuelo en Granada como un hombre noble y honrado, agotado y cansado por una vida llena de penalidades, aunque sin odio. Mientras vivió con mis padres en la calle Molinos acudía al cercano local de la CNT-FAI. Y, por extrañas ironías de la vida, este local se encontraba frente al colegio, entonces llamado de la División Azul, que tras la guerra fue uno de los centros en que él estuvo preso. En 1979 mi tía Eva tuvo a su hija Alicia (10 años más tarde tendría a Daniel). Mi abuela murió en 1980 sin que ambos hubieran podido disfrutar juntos de tantas cosas que nunca pudieron tener. ¡Cuánto me hubiese gustado verles vivir más! Para mi abuelo fue una gran satisfacción vernos crecer a sus nietos; establecerse la democracia en España; la victoria del PSOE en octubre de 1982; y que se reconociera su esfuerzo, y el de los militares republicanos, por medio de la Ley 37/1984, de 22 de octubre, de reconocimiento de derechos y servicios prestados a quienes durante la guerra civil formaron parte de las Fuerzas Armadas, Fuerzas de Orden Público y Cuerpo de Carabineros de la República.

La salud de mi abuelo estaba quebrada y fue intervenido de cáncer de pulmón en 1985. Falleció el 1 de mayo de 1987, una fecha tan emotiva para él mientras yo me encontraba de guardia al prestar mi servicio militar. De esta manera, con una innegable carga simbólica, se cerraba en Granada un ciclo comenzado casi 51 años antes cuando él, que había venido a prestar su servicio militar en esta ciudad, se encontró con una guerra.

Un día le vi afectado. No quiso decirme qué le pasaba, pero pregunté y me respondió que se sentía mal porque se había encontrado por la calle con alguien que le había torturado. No quiso dar más detalles. Durante el verano de 1985 acudí a menudo a verle a casa de mi tía, donde él vivía entonces. Le preguntaba y me contaba cosas de su juventud y la guerra. Nunca le oí hablar con odio ni tener una mala palabra hacia quienes tanto daño le habían causado. Su expresión y comportamiento eran los de un hombre santo que había tenido una vida áspera sin perder sus ilusiones ni su bondad.

Gonzalo Antonio Gil del Águila
23/12/10

“EL CRIMEN FUE EN GRANADA: A FEDERICO GARCÍA LORCA”

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(título de un poema de Antonio Machado)


En Abril de 2.006 se presentó en Fuentevaqueros, y en el contexto de la inauguración que tuvo lugar en su casa natal de la exposición “Federico García Lorca 1.936: Documentos para la Memoria”, la obra de Ian Gibson “Antonio Machado, ligero de equipaje”. En la presentación del libro Gibson dijo que "Federico García Lorca, sin Antonio Machado, no sería el artista que hoy conocemos" y recordó que "el primer encuentro entre Machado y Lorca tuvo lugar en Baeza, cuando Federico era pianista y no había dado aún el salto hacia la poesía". Gibson opina que el encuentro entre ambos poetas fue importante para que Federico se dedicara a la poesía y relata que Machado no pudo asistir al estreno de “Bodas de Sangre” aunque sí lo hizo a su cuarto día de representación saliendo de la misma tan conmovido que remitió una carta invitándole a seguir escribiendo de esa manera. Al parecer, esa demostración de afecto era algo inaudito en Machado al que define como “un hombre tímido, retraído, que no tenía mucha relación con los poetas de la generación de Lorca, y que sin embargo le escribió esa carta”. Señala Gibson que Machado tuvo una difícil vida amorosa y que por esa época estaba enamorado de Pilar de Valderrama, siendo aquella una relación imposible y trágica, por lo que la visión de Bodas de Sangre le permitiría sentirse identificado con la obra. Recuerda Gibson que Machado se sintió traumatizado cuando a los 4 años abandonó Sevilla y una “compañera” cuyo nombre no ha trascendido, trauma que revivió al morir su joven esposa Leonor. En el libro citado, Gibson escribe que Pilar de Valderrama, a la que Machado llama “Guiomar” en sus poemas de amor, “es una mujer con muchos problemas, aterrada por el cuerpo y el sexo, ultracatólica, casada con un donjuán, que busca la gran ternura que aprecia en la poesía de Machado. Es una mujer confusa, que sufre, que no es demasiado valiente y que no tiene la culpa de ser Pilar de Valderrama". Ella, nacida en Madrid en 1.892, falleció en 1.979 y su propia obra poética ha quedado eclipsada por las amorosas “Canciones de Guiomar” que Machado le dedicara. Una vez muerto Machado se encontró en su bolsillo una última frase: “estos días azules y este sol de la infancia”, posibles recuerdos de quien quizás se sintiera reflejado en el olmo del Duero “viejo”, “hendido por el rayo / y en su mitad podrido”, árbol que “no será, cual los álamos cantores / que guardan el camino y la ribera, / habitado de pardos ruiseñores” a pesar de lo cual su corazón esperaba “también hacia la luz y hacia la vida, / otro milagro de la primavera”, a modo de comienzo de una nueva vida.

Antonio Machado, cuyo nombre completo es Antonio Cipriano José María y Francisco de Santa Ana Machado Ruiz, nacido en Sevilla en 1.875 y muerto en el exilio en la localidad de Collioure, Francia, el 22 de Febrero de 1.939, poeta español y tardío miembro de la Generación del 98 cuyas primeros pasos se iniciaron en la senda del Modernismo, escribió el poema titulado “El crimen fue en Granada: a Federico García Lorca”. Machado, hablando de su amigo, nos dice que “se le vio, caminando entre fusiles, / por una calle larga, / salir al campo frío, / aún con estrellas, de la madrugada. / Mataron a Federico / cuando la luz asomaba. / El pelotón de verdugos / no osó mirarle la cara. / Todos cerraron los ojos; / rezaron: ¡ni Dios te salva! / Muerto cayó Federico. / -sangre en la frente y plomo en las entrañas-”. Así se evoca la muerte del poeta fusilado en la madrugada del 19 de Agosto de 1.936, cuyo cadáver y el de otros tres ejecutados junto a él yacen en una fosa común: los banderilleros cenetistas Joaquín Arcollas Cabezas y Francisco Galadí Melgar y el maestro de escuela del pueblo de Pulianas Dióscoro Galindo González. En el lugar en que se considera que fueron enterrados se quiso, no hace mucho, construir un campo de fútbol y no muy lejos hay un restaurante llamado la Ruta de Lorca en el que se sirven platos a los que se dan nombres tales como lorquianitos, brocheta lorquiana o la ensalada Doña Rosita.

A Federico la sublevación le sorprende recién regresado a Granada y alojado en la Huerta de San Vicente alrededor de la cual en la actualidad existe el “Parque Federico García Lorca”. A los pocos días del Alzamiento y de improviso un grupo de sublevados acude a la huerta buscando a un hermano de Gabriel, el casero. Al no encontrarle agreden a Gabriel y maltratan e insultan a Federico. Tras el altercado este decide pedir la ayuda de Luis Rosales, miembro de una destacada familia falangista de Granada, poeta y docente universitario. Acogido en la céntrica casa familiar de los Rosales, en calle Angulo, vive oculto hasta el 16 de Agosto, día en que es detenido y coincide el fusilamiento de su cuñado Manuel, que había sido alcalde de Granada. Las circunstancias y motivos de la detención y muerte del poeta son objeto de una controversia no resuelta todavía pero es evidente que causó sorpresa encontrar a Federico escondido en la casa de la familia Rosales. Parece que Federico estuvo detenido hasta el 18 de Agosto de 1.936 porque Angelina Cordobilla, la niñera de los sobrinos de Federico, le llevó ese día y el anterior a su lugar de detención la comida y el tabaco que el 19 no les pudo entregar porque se le respondió que el poeta ya no estaba. Igualmente parece que alrededor de las dos de la madrugada de ese día 19 el cura de Víznar, que se encontraba dispuesto para asistir en confesión a los que iban a ser fusilados, se retiró al comunicársele que esa noche no habría más ejecuciones. No obstante, sobre las cuatro de la madrugada se mató a Federico y a las tres personas más ya citadas. Luis Rosales (1.910-1.992), poeta y ensayista español perteneciente a la denominada Generación del 36 y de la que en cierto modo fue su cabeza visible, ha sido objeto de los ataques de quienes sospechan su participación en la muerte de Federico. En contra de esas suposiciones se argumenta que, en su afán por ayudarle tras la detención, Luis estuvo a punto de perder su propia vida siendo salvado gracias a la intervención del falangista Narciso Perales que intercedió a su favor y pagó una importante multa.

La idea central del poema “El crimen fue en Granada”, la muerte de Federico, no escapa a la poética recreación de quien no podía saber si los ejecutores cerraron los ojos o rezaron, cosa que no se supo entonces ni se sabe ahora, insistiendo “que fue en Granada el crimen / sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada”; recreación que representa al poeta esperando la inminente muerte con un diálogo simbólico en medio del que “se le vio caminar solo con Ella, / sin miedo a su guadaña. / Ya el sol en torre y torre; los martillos / en yunque - yunque y yunque de las fraguas”. Ese yunque repetido tres veces, onomatopeya del continuo golpear del martillo sobre él, representa la capacidad humana para hacer cosas pequeñas que permitan cambiar al mundo. Y en el poema “hablaba Federico, / requebrando a la muerte”. Y Ella, la muerte, escuchaba a quien iba a morir decirle: “porque ayer en mi verso, compañera, / sonaba el golpe de tus secas palmas”, probablemente ese golpe que al igual que sucede con el yunque y el martillo moldea la obra final, prosiguiendo el discurso puesto en boca de Federico: “y diste el hielo a mi cantar, y el filo / a mi tragedia de tu hoz de plata, / te cantaré la carne que no tienes, / los ojos que te faltan, / tus cabellos que el viento sacudía, / los rojos labios donde te besaban… / Hoy como ayer, gitana, muerte mía, / qué bien contigo a solas, / por estos aires de Granada, ¡mi Granada!”.

¿Qué quiere decir Machado con lo de requebrar la muerte? ¿Significaba volver a quebrar en piezas más menudas lo que estaba ya quebrado? Parece que no es el significado buscado. ¿Acaso lo sea lisonjear a una mujer alabando sus atractivos? Ya se ha referido antes en el poema a la muerte como una figura femenina caminando junto al poeta fusilado. Si consideramos que Machado y Lorca podían tener una espiritualidad profunda y libre (y no olvidemos que fueron masones o personas cercanas a la masonería), este poema, con sus símbolos como estrellas, torres, largo camino, martillo, fraguas y otros más, se nos puede presentar como una obra dedicada a un amigo y a alguien que puede sentir esa espiritualidad, alcanzándose con esta visión una clave para hacer una lectura no habitual.

El Machado que escribió sobre la "España de charanga y pandereta" lo hizo también sobre "la España del cincel y de la maza" y elogió a Francisco Giner de los Ríos, reputado masón, diciéndole: "Y hacia otra luz más pura / partió el hermano de la luz del alba, / del sol de los talleres, / el viejo alegre de la vida santa". De José Ortega y Gasset, igualmente cercano a la masonería o masón, dice: "A ti laurel y yedra, / corónente, dilecto / de Sofía, arquitecto. / Cincel, martillo, piedra / y masones te sirvan". En plena Guerra Civil, el 1 de Mayo de 1.937 y en medio de un discurso dirigido a las Juventudes Socialistas Unificadas, Machado afirma: "Yo no soy marxista, no lo he sido nunca" y existen indicios para pensar que o bien ingresó en la Logia Mantuana de Madrid o se mantuvo muy cerca de ella. Muestra de la vinculación masónica de Machado es el poema titulado “Al maestro que se va”: “Como se fue el maestro / la luz de esta mañana / me dijo: van tres días / que mi hermano ....no trabaja. / ¿Murió?... Sólo sabemos / que se nos fue por una senda clara, / diciéndonos: Hacedme / un duelo de labores y esperanzas. / Sed buenos y nada más, sed lo que he sido / entre vosotros: alma. / Vivid, la vida sigue, / los muertos mueren y las sombras pasan, / llevan quien deja y viva el que ha vivido. / ¡Yunques, sonad! ¡Enmudeced, campanas! / y hacia otra luz más pura / partió el hermano de la luz del alba, / del sol de los talleres, / El viejo alegre de la vida santa. / ¡oh sí! llevad, amigos, / su cuerpo a la montaña, / a los azules montes / del ancho Guadarrama. / Allí hay barrancos hondos / de pinos verdes donde el viento canta. / su corazón reposa / bajo una encinta casta, / En tierra de tomillos, donde juegan / mariposas doradas... / allí el maestro un día / soñaba un nuevo florecer de España”.

Es cierto que la vinculación masónica de Machado ha sido negada y en parte esta teoría se fundamenta en que el Director General de Servicios Documentales de Salamanca firmó con fecha de 18 de Diciembre de 1.957 un escrito que dice lo siguiente: “Excmo. Señor: / Consecuente a su atento escrito del Negociado Segundo y Antecedentes núm. 15817, de fecha 11 del actual, relativo a ANTONIO MACHADO RUIZ, tengo el honor de participar a V. E. que, hasta la fecha, no han aparecido antecedentes masónicos del citado individuo. / Dios guarde a V. E. muchos años.". Quienes niegan la tesis masónica de Machado igualmente pueden acudir a que este nunca fue depurado a pesar de que se le incoó un expediente al amparo de la Ley de Responsabilidades Políticas y que la Comisión Superior Dictaminadora de Expedientes de Depuración informó por medio de escrito de fecha 7 de Julio de 1.941 favorablemente sobre la propuesta de separación definitiva del servicio y baja en el escalafón de Catedráticos de Institutos de Enseñanza Media de quien había fallecido en 1.939. Y a pesar de que a finales de 1.981 el Ministerio de Educación y Ciencia publica una Orden "por la que se rehabilita a D. Antonio Machado Ruiz como Catedrático de Instituto" nunca antes había sido inhabilitado.

Ahondando en la filiación masónica de Antonio Machado debemos recordar que su abuelo, Antonio Machado Núñez, quien fuera rector de la Universidad de Sevilla y Gobernador Civil con la I República, perteneció a la sociedad masónica Unión Ibérica. Y más aun Antonio Machado Álvarez, padre de nuestro escritor, conocido flamencólogo bajo el apelativo de Demófilo, que en griego significa amigo del pueblo y a quien nuestro poeta Machado llama luz de Sevilla, también fue masón. Todo esto permite pensar que Machado, quizás como lovetón o hijo de masón presentado por el padre ante la Logia, hubiera vivido y conocido desde temprana edad esa hermandad.

Antonio, que ideológicamente diverge de su hermano mayor que él un año, Manuel, nos deja un claro ejemplo de su religiosidad cuando a la saeta popular (“¿Quién me presta una escalera, / para subir al madero, / para quitarle los clavos / a Jesús el Nazareno?”) contrapone en la suya: “Oh, no eres tú mi cantar! / ¡No puedo cantar ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar!”. De esta manera Antonio rechaza lo esencial del Catolicismo convencional, esto es, la idea del Sacrificio de la Cruz así como la religiosidad popular. Y recordemos ahora los versos leídos respecto a la muerte del maestro: “¡Yunques, sonad! ¡Enmudeced, campanas!”. Se trata de los yunques del taller frente a las campanas de las iglesias.

De Federico no consta una vinculación tan evidente pero sí que bajo el nombre simbólico de Homero se pudo unir a la Masonería; que estuvo muy vinculado con el masón Francisco Giner de los Ríos (1.839 - 1.915), discípulo de Julián Sanz del Río y fundador y Director de la Institución Libre de Enseñanza; que tras la guerra se incoó contra Federico un expediente de depuración como masón y que en su obra aparecen símbolos que se pueden considerar masónicos como la acacia, el yunque y los metales. Así, al comienzo de la Escena IV de Mariana Pineda en voz baja esta dice: “Y me quedo sola mientras / que bajo la acacia en flor / del jardín mi muerte acecha”; en el poema Acacia leemos: “¿Quién segó el tallo / de la luna? / (Nos dejó raíces de agua.) / ¡Qué fácil nos sería cortar / las flores de la eterna acacia!”; en La Veleta yacente: "Lírica flor de torre / y luna de los vientos, / abandona el estambre de la cruz / y dispersa sus pétalos, / para caer sobre las losas frías / comida por la oruga / de los ecos. / Yaces bajo una acacia. / ¡Memento! / No podías latir / porque eras de hierro..." Y memento, en cuanto expresión, implica recordar pero también es cada una de las dos partes del canon de la misa en que se hace conmemoración de los fieles vivos y de los difuntos. La Acacia, palabra que procede del griego Akakia por lo que puede significar también inocencia y pureza, representa tradicionalmente la elegancia y la amistad. Si es blanca o rosada se asocia además a la constancia y si es amarilla al amor secreto. Pero en la masonería la acacia es un símbolo de la resurrección e inmortalidad del alma y Federico la asocia en su obra a la idea de la muerte. Esta vinculación podría no ser fruto de la casualidad porque se ofrece de manera metódica y constante una significación ajena a la sensibilidad popular que manifiesta en sus creaciones.

Y volviendo a la fragua y yunque que aparecen en los versos dedicados por Machado a la muerte de Federico ¿serán los mismos que se citan en el “Romance de la luna" de este último? En este se ha querido ver la muerte personificada por la Luna presentada como una mujer de aspecto macabro con “sus senos de duro estaño” pero contradictoriamente “lúbrica y pura” y se lee que "la luna vino a la fragua", fragua en la cual "el niño la está mirando" y le dice "huye luna, luna, luna. / Si vinieran los gitanos, / harían con tu corazón / collares y anillos blancos"; a lo que ella responde: "Niño déjame que baile. / Cuando vengan los gitanos, / te encontrarán sobre el yunque / con los ojillos cerrados". Al final "por el cielo va la luna / con el niño de la mano" mientras que "dentro de la fragua lloran, / dando gritos, los gitanos. / El aire la vela, vela. / el aire la está velando". ¿Lloran los gitanos la muerte del niño o es acaso un símbolo de que el trabajo en la fragua ha sido terminado? “La vela, vela”. Y vela es tanto una peregrinación, especialmente a un santuario, como la acción de velar, la cual puede significar tantas cosas como hacer centinela o guardia por la noche, asistir de noche a un enfermo, pasar la noche al cuidado de un difunto, observar atentamente algo, estar sin dormir el tiempo destinado de ordinario para el sueño, continuar trabajando después de la jornada ordinaria, cuidar solícitamente de algo o asistir por horas o turnos delante del Santísimo Sacramento. Y, en cuanto a significados, fragua, procedente del latín fabrĭca, significa tanto el fogón en que se caldean los metales para forjarlos como el taller donde está instalado este fogón, lo que nos pone en relación con la alquímica transmutación de los metales que al fin y al cabo no es más que una tarea de perfeccionamiento interior. La Luna, relacionada con lo anímico e inconsciente, es asociada por los alquimistas a la plata... El rito de iniciación en la masonería, que es una muerte simbólica, se asocia al aire, y el aire es símbolo del misterio, de lo oculto y secreto asociado a los ángeles, las alas, aves y el vuelo representando al mundo intermedio entre la Tierra, en la que estaba la fragua, y el Cielo, al que vuelve la Luna del poema. ¿Podría reflejar el poema, oculto tras símbolos populares, la iniciación de un neófito al mundo de los misterios? ¿No puede verse en la figura de los gitanos el símbolo del trabajo con los metales? A lo largo de la obra de Federico, y asociados a la muerte, los metales se caracterizan por su dureza y frialdad y se encuentran ligados a los conflictos y azares de los gitanos y a menudo se transponen la piel cobriza con el bronce y el cobre... La fragua, el agua y el sueño los recoge Machado en “Proverbios y cantares” cuando nos dice entre otras cosas: “todo hombre tiene dos / batallas que pelear. / En sueños lucha con Dios; / y despierto, con el mar”; “soñé a Dios como una fragua / de fuego que ablanda el hierro”; “Yo amo a Jesús que nos dijo: / Cielo y Tierra pasarán. / Cuando Cielo y Tierra pasen, / mi palabra quedará. / ¿Cuál fue, Jesús, tu palabra? / ¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad? / Todas tus palabras fueron / una palabra: Velad / Como no sabéis la hora / en que os han de despertar, / os despertarán dormidos / si no veláis; despertad”. Y este velar, ¿no será como el que acabamos de ver en Lorca para la Luna? Machado prosigue en “Proverbios y cantares”: “Morir... ¿Caer como gota / de mar en el mar inmenso?”.

En “El crimen fue en Granada” a Federico “se le vio caminar” y Machado pide “Labrad, amigos, / de piedra y sueño, en el Alhambra, / un túmulo al poeta, / sobre una fuente donde llore el agua, / y eternamente diga: / el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!”; y el romance popular dice: “Entre Víznar y Alfacar / mataron a un ruiseñor / porque quería cantar”.

Federico muere y siguiendo el discurso machadiano algo queda detrás suya porque “todo pasa y todo queda, / pero lo nuestro es pasar, / pasar haciendo caminos, / caminos sobre el mar”, ese mar que siendo agua está en íntima unión con la que bulle de las fuentes de la Granada antigua como representación del cauce de vida que quizás acoja el alma del poeta que caminando hacia la muerte deja sus estelas en el mar de la noche que vivió.

Después de todo, el llanto y las fuentes de Granada quizás sean los ríos de Manrique cuando nos recuerda que “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir”, pero el llanto y las fuentes de Machado también aparecen en otro poema suyo titulado “Anoche cuando dormía” en el que encontró dentro de su corazón un fontana cuya agua procedía de la “acequia escondida” que es el "manantial de nueva vida / de donde nunca bebí?”, al tiempo “que un ardiente sol lucía / dentro de mi corazón. / Era ardiente porque daba / calores de rojo hogar, / y era sol porque alumbraba / y porque hacía llorar”. Y todo esto era debido a que “anoche cuando dormía / soñé, ¡bendita ilusión!, / que era Dios lo que tenía / dentro de mi corazón”. El agua y Dios, en el corazón, para quien habla de hacer caminos en el mar, el lugar al que llegan todos los ríos… Machado dice de Dios en “Parábolas” que “no es el mar, está en el mar”, que es “como luna en el agua, o aparece / como una blanca vela” y nos explica que “yo he de hacerte, mi Dios, cual tú me hiciste, / y para darte el alma que me diste / en mí te he de crear. Que el puro río / de caridad que fluye eternamente, / fluya en mi corazón. ¡Seca, Dios mío, / de una fe sin amor la turbia fuente!”.

Cuando Machado pide refiriéndose a Federico: “Labrad, amigos, / de piedra y sueño, en el Alhambra, / un túmulo al poeta, / sobre una fuente donde llore el agua, / y eternamente diga: / el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!”, ¿a qué amigos y a qué fuente se refiere? Quizás sean sólo un recurso estilístico sin mayor conexión con los símbolos presentes en otros textos pero podría ser interesante investigar las posibles conexiones espirituales e intelectuales que unían a parte de las minorías cultas de aquella época.

Gonzalo Antonio Gil del Águila

Granada, 19 de Abril de 2008.



Texto completo de EL CRIMEN FUE EN GRANADA: A FEDERICO GARCÍA LORCA de ANTONIO MACHADO

1. El crimen

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
... Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.

2. El poeta y la muerte

Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»

3.

Se le vio caminar...
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!