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ACERCA DE ANTEQUERA

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El término municipal de Antequera, situado en el centro de Andalucía en una zona de tránsito de viajeros y culturas desde los más remotos tiempos, posee algo más de 810 km² con una altitud media sobre el nivel del mar de casi 580 metros, una población de algo más de 45.000 habitantes y multitud de monumentos y parajes naturales de extraordinario valor.

La especial predisposición de Antequera como encrucijada de caminos ha dejado huellas constatables en sus tierras desde la Edad del Cobre. Nos han llegado construcciones megalíticas de carácter funerario en Menga, el Romeral y Viera así como la necrópolis de Alcaide. Durante la época romana se denominó al asentamiento “Antikaria”, que significa “La Antigüa”, y es de este nombre de donde procede su actual denominación. En 1955 se encontró una escultura de 1,43 metros de altura llamada El Efebo de Antequera, datada en el siglo I de nuestra era y considerada una de las más bellas de la Hispania romana. En el siglo Vlll fue conquistada por Abdelaziz Ben Muza y bajo dominio musulmán se la llamó “Medina Antikaria”. De este período proceden las murallas de la Medina y de la Alcazaba. En 1410 las tropas cristianas mandadas por el Infante don Fernando entran en la ciudad, convirtiéndose en una ciudad. Una vez concluida la reconquista disfrutó de una extraordinaria expansión demográfica que condujo a que desde la segunda mitad del siglo XVI y hasta el XVIII se viviera una época de crecimiento urbano plagado de monumentos que han llegado hasta nuestros días, la mayor parte de carácter conventual o religioso, dentro de lo que hoy conocemos como casco antiguo. La ciudad posee una abundante riqueza monumental que invita al paseo de la cual destacan la Alcazaba de Antequera; el Pósito; el Hospital de San Juan de Dios, construido en la segunda mitad del siglo XVIII; el Palacio Consistorial, antiguo convento; el Palacio del Marqués de las Escalonias; el Palacio de los Marqueses de la Peña de los Enamorados, del siglo XVI; el Palacio del Marqués de Villadarias; el Palacio de Nájera; la Casa Bouderé; la Casa de los Colarte; la Casa del Conde de Colchado; la Casa del Conde de Pinofiel; la Casa del Barón de Sabasona; la Casa de los Pardo; la Casa de los Ramírez; la Casa de los Serrailler; la Caja de Ahorros de Antequera y el Teatro-Cine Torcal, de la década de 1930; el Arco de los Gigantes, del siglo XVI; las Puertas de Estepa ,destruida en la década de 1930 y reconstruida a finales del siglo XX, de Granada y de Málaga; la Escultura del Infante Don Fernando y la Fuente de los Cuatro Elementos en la plaza del Coso Viejo;la Fuente de San Sebastián; la columna barroca del Triunfo de la Inmaculada y, las más recientes Escultura de Pedro Espinosa, poeta antequerano, y Fuente de los Enamorados construida en 2004.

En cuanto a fiestas y tradiciones debemos destacar que la Semana Santa de Antequera es una de las más arraigadas y de sabor más tradicional de Andalucía, contando con imágenes que se consideran entre las más interesantes expresiones del Barroco. Junto a la festividad de la Semana Santa son igualmente destacables la Feria Primavera y la Real Feria de Agosto, celebrándose en ambas renombradas corridas de toros.
No podemos terminar de hablar de Antequera sin hacer mención a su riqueza natural y paisajística. “El Torcal”, lugar situado a menos de 15 kilómetros del centro urbano, ofrece un entorno que alberga multitud de sorprendentes formas calcáreas moldeadas por la erosión que le convierten en uno de los más bellos e impresionantes ejemplos de paisaje kárstico de Europa que, procediendo del fondo del mar hace acaso cien millones de años, hoy se eleva hasta alturas cercanas a los 1.300 metros.

Cerca de la ciudad, sobre el llano, destaca la inconfundible “Peña de los Enamorados”, también conocida como “El Indio” por parecer la cara boca arriba de un rostro. Esta peña está relacionada con una leyenda que en su versión más popular hablar de un amor imposible entre la mora Tagzona de Archidona y el cristiano Tello de Antequera. Ella era hija del alcalde moro de Archidona que capturó al joven con la intención de matarlo porque no consentía la unión por cuestión de fe. Pero Tagzona liberó al joven cristiano de su cautividad y huyeron juntos. Viéndose en trance de ser capturados por sus perseguidores decidieron arrojarse desde la peña y morir. La leyenda ha querido convertirles, a él, en la piedra que mira al cielo y, a ella, en el viento que acaricia el rostro de su amado.

Gonzalo Antonio Gil del Águila
Granada, 25/12/10

LA BANDERA DE ANDALUCÍA Y UN POETA DE GUADIX DEL SIGLO XI

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Blas Infante quiso ver en la época musulmana el origen del símbolo institucional por antonomasia de la Comunidad Autónoma andaluza: la bandera blanca y verde, insignia a la que denominó Arbondaira o Arbonaida, y si bien es cierto que la elección de la bandera se debió a su imaginación no puede olvidarse que existe en el Islam y en los reinos andalusíes un innegable uso de esos colores. El blanco recuerda la media luna y los Omeyas de Damasco gobernando los cuales se inició la conquista islámica de España en 711. El verde, color relacionado con el turbante de Mahoma, es el que más comúnmente se identifica con el Islam así como con los Fatimidas, dinastía musulmana que gobernó en el Norte de África durante los siglos X y XII. Parece que en 756 Abderramán I improvisó una bandera con un turbante verde y una lanza durante su campaña por el Guadalquivir y que en 1.195 en la batalla de Alarcos se usaron banderas verdes por las fuerzas musulmanas que salieron victoriosas. Su triunfo pudo haberse celebrado en Sevilla con banderas verdes para representar a los andalusíes que colaboraron con los almohades y blancas para identificar a estos últimos. Abu Asbag Iben Arqam, nacido en Guadix en el siglo XI, fue visir del Rey poeta de Almería Almutassim, castellanizado como Almotacén, y compuso un poema en el que "una verde bandera que se ha hecho de la aurora blanca un cinturón, despliega sobre ti un ala de delicia, que ella te asegure la felicidad al concederte un espíritu triunfante". Estos colores eran habituales del Reino musulmán de Granada como parece acreditarlo el hecho de que en la batalla de Lucena en 1.483, en la que Boabdil fue hecho prisionero, de veintidós banderas capturadas a sus fuerzas dieciocho eran verdes y blancas. Es necesario considerar que las tesis de Blas Infante están impregnadas por sus simpatías hacia el Islam, al cual se convirtió durante un viaje a Marruecos en 1.924 siendo testigos del acto dos descendientes de andalusíes nacidos en Marruecos.

Gonzalo Antonio Gil del Águila

Granada, 7 de Noviembre de 2.007